Hacerles aparecer. Instalación y acción duraciona.
Estudios de campo. Conferencia performática
Un colectivo en colaboración con Proyecto de Búsqueda Guanajuato, hasta encontrarlos y Buscando a Pablito.
Ciudad Pax: Ruta Tulipanes. Laboratorio-Recorrido-Barriada guiados por Bryant Caballero, Alejo Medina, Kent y Sara Pinedo
Mitología personal. Taller de danza con Mélanie Demers
Vino a Mérida por Transversales, Encuentro internacional de la escena contemporánea, un montón de talleres y un par de actividades como la siguiente acción duracional e instalación de la que quiero habla un poco. El parque Eulolio Rosado fue escenario para nombrar a los miles de desaparecidos del estado de Guanajuato, a quienes se les sumó las búsquedas de nuestro estado, porque todavía hay incrédulos que opinan que Mérida es un estado de excepción.
Entonces alrededor de la plaza del parque se colocaron unas mamparas cubiertas de tela en la que el nombre de los desaparecidos los nombra y son parte de un bordado colectivo, el molde está escrito y, con hilo y aguja, se resalta para darle “cierta vista Bold”. A un extremo del parque, una estructura metálica, una especie de galerón con una red por techo, de la cual se entendían letras puestas ahí no para entender , al verlas alzando la vista, sino para que al proyectarse la sombra pudiéramos leer a nuestros pies, “HALLARTE COMO ACTO DE MAGIA. COMO ACTO DE JUSTICIA. COMO ACTO DE AMOR”; mientras desde una bocina se escucha el testimonio de las buscadoras.
Tengo que traer muy pronto dos términos del taller de Mélanie Demers: Tocar y Manipular. El lenguaje corpóreo y el baile tienen mucho que ver con las resistencia de las madres buscadoras. Tocar es dejarse, permitir la cercanía del otro, estar tan cerca para permitirnos sentirnos, en la piel, la presencia ajena y ante esto responder. Manipular es tomar al otro y hacerlo a un antojo que llega al limite dependiendo de la velocidad del movimiento y la resistencia del otro cuerpo. En la danza el movimiento-tacto no se fuerza, entonces me atrevo a comparar la acción del narco-estado con la manipulación extremista, y a ciertos ciudadanos que por temor a su realidad insisten en exclamar “porqué hacen esto aquí, aquí esto no pasa”, bajo el molde del miedo como manipulados ante el temor de ser tocados, y entonces la resistencia de las buscadoras es Tocar.
Se me antoja que esto no debería explicarse pero lo haré tantito a peligro de sonar cursi; Tocar es un acto natural, los animales se restriegan, se lamen se rascan. esto ultimo es muy de humanos “ráscame ahí donde no llego”, por lo demás, muchas formas de contacto entre animales consiste, incluso, en la parte mas primitiva, de olfatearse para reconocerse y acercarse, para mitigar la soledad y apaciguar la carencia del propio cuerpo-emoción, cubrir una necesidad al toca. Y que carencia de tacto deja un desaparecido…
Participé dibujándolos a sus desaparecidos, tanto en la acción duracional como en la conferencia performática, y me quedé con estás palabras “piensa, mucha gente piensa que nuestros desaparecidos no son su problema” aquí la invitación que no manipula, que toca, que se entrega, su forma de tocarnos es intencionada cuando dice “hasta que la justicia se vuelva costumbre” “vivos se los llevaron vivos los queremos” no es un reclamo, me parece que es una exigencia, porque la nación, el estado, el gobierno que debería garantizar vida digna ha sido incapaz todos los sexenios, y la cereza presindencial militariza…
Me cruje más el tema Transversales, ahondaré un poco más en el hecho dancístico, en la Mitología Interior —taller de la coreógrafa Mélanie Demers —el Tocar es una forma de hacerse presente, alguien con quien se comparte el baile. Con mi poca experiencia, el tacto me detenía, me invitaba a observar, a ser consciente de estar con un otro —lo que se traducía con una respuesta que considero adecuada a mis herramientas, pero que me hacen acentuar que las mejores respuestas están en la práctica constante, en el entrenamiento del actor/actriz y bailarín —, y si regreso a las buscadoras es por la oportunidad de crear un puente desde el afecto, tocar la tierra, tocar la sociedad, tocar una patria de interés político que nada tiene que ver con el cuidado, la responsabilidad, el respeto, la justicia y el Tocar.
en Mitología Interior no es qué no se valga manipular, más bien la diferencia se desvanece en la danza. Esa es una conexión única entre los cuerpos bailantes y el hecho. El hecho creativo y el movimiento que de forma contemporánea sale de la fantasía y hace ruido en las realidades que atraviesan de forma arbitraria el vivir en esta matrix. La manipulación en ese instante no se prolonga en la ambivalencia ni deforma en ultra derecha, neoliberalismo, etcétera; hay un saber coexistir en el movimiento de dos cuerpos, cuatro, siete es un ecosistema colaborativo.
Así, con esta claridad, fuimos a ver Confession Publique de la compañía Mayday a cargo de M. Demers; la coreógrafa en su taller nos habló del cuidado y la exigencia y como sus bailarines encuentran ese camino. Esta presentación es como una salida a meta, a simple vista es un unipersonal, pero en el escenario hay otra presencia que acompaña, dirige y hasta marca el ritmo, el trabajo es una apertura. Demers hace un trabajo de apertura: escúchense siéntanse, lleguen al mismo tiempo.
Lo rudo de Transversales, me parece, fue la confrontación. Claro que no se abordó para hacer el ambiente pesado ni contaminado, sino para hacernos conscientes de estos aspectos y provocar el dialogo, no solo por lo mencionado hasta ahora, si no que hay más; el juego previo del taller-barriada-laboratorio que comenzó al mismo tiempo que otros dos talleres, uno con La Re-sentida (compañía de Chile) y otro de actuación con un director Noyorkino.
Una tripa de talleres que en conjunto fueron los elementos del avatar. Al encontrarnos en sus muestras finales y/o de camino, entendí ampliamente la exigencia de colectividad en el mundo tan actualizado en la individualidad; hay que enseñarnos a convivir y crear juntos, es graciosos que justo antes de Transversales pensaba en el acto creativo como el estado del avatar, un par conjunto: elementos que se avivan y se repelen, aprendizaje compartido: hay fuegos que manipulan y otros que no pueden ser tocados y así con cada elemento, hay tierra que te traga, agua que te ahoga y aire que descompone, pero todos pueden acariciar (esto es una cualidad de Tocar) incluso el fuego, por lo menos eso me hace creer la frase que dice que el agua es una llama apagada, lo habré leído en algún poema, no me acuerdo, tampoco me pertenece. Entonces comenzó “Ciudad Pax: ruta tulipanes”, un taller pensado para devolver la voz al cuerpo de agua debajo el restaurante ahora cerrado, dícese cenote de Tulipanes y, recuperar la pertenencia al barrio de Santa Ana, el nuevo callejón gastronómico que comparte con el remodelado Parque de la Plancha, la limpieza y pulcritud de lo concretizado; el desplazamiento de la naturaleza en nombre de la modernidad.
Cinco días pensándolo, reimaginándolo, permitiendo que el lugar nos lugares diría D. Kent. Recolectamos, asistimos a la naturaleza urbana y atestiguamos eventos silenciosos en los espacios civilizados donde aún habita lo salvaje y se rebela de la única forma posible: aconteciendo. No puedo evitar el collage de recuerdos, un pájaro enredado en los enramados de una alta palmera, otro pájaro asistiendo desde su bestialidad a que el suceso fuera menos grave (o más rápido en su desenlace), incapaces nosotros de hacer nada, no se qué es lo minúsculo ahora mismo, pero fue un momento que nos acompañó hasta el final de la barriada.
Este hecho me vuelve a recordar la Mitología interior, dejarse caer confiando que el otro te sostendrá y atrapará, confiar en los gestos contiguos y recibir, saber leer el cuerpo, recibir una orden “regresar a las imágenes”; Escucharla en movimiento, un movimiento placentero que dificulta obedecer la consigna de la coreógrafa. Intentarlo, no saber cómo intentarlo, intentarlo fallando no como el que sabe que no va a poder, sino como el que no sabe como lograrlo. Mejor... el bailarín baila y el no bailarín también y educar un cuerpo que está perdido bajo el detonante de una orden, impone una disciplina que un artista tiene, aunque no sea un bailarín profesional, (pero realmente somos así de disciplinados —paradoja es—), el conocer las herramientas a bastante costo de experiencia y medio volver a las imágenes, por lo menos desde adentro.
Entonces reconozco la escena de la barriada dentro de mi mitoloigía interior. Reconozco al cenote, cuerpo de agua al que le regresamos, un poco, de nuestra experiencia para inyectarle vida, recordársela, acordárnosla, eso nutricio de la tierra maya que somos (lugareños y fuereños) como energía colectiva y le nombramos, le llamamos, jugamos e hicimos juegos y baile y compartimos recuerdos en nombre del cenote, ese cuerpo de agua que guarda Tulipanes.
Literal armamos una fiesta. Bailamos danzón y cumbias norteñas, porque ya no está de moda el reggetón viejito, la gentrificación se dejó notar. Pero por suerte sin narco corridos y con un poco de salsa y cumbia.
Terminaré trayendo de vuelta a las buscadoras; porque dentro del recuerdo de su desaparecido y la labor de buscarlo, de no detenerse ni cuando lo traen de vuelta, está evocar su espíritu una y otra vez, y así como hicimos en la fiestota de la barriada, cada acto de las buscadoras es un movimiento telúrico que le recuerda a sus desaparecidos que vivos se los llevaron y vivos los queremos, hasta que la justicia se vuelva costumbre. Esto por decir lo menos del cuerpo de agua y de la naturaleza que ninguneamos sin darnos cuenta que la inmediatez nos está ninguneando a nosotres, que nos quiere tan apartadas de las raíces y tan ensimismados en ser ganadores que la cooperación parece aparte, que las reformas no se hacen notar, y otras soluciones no salen de nuestros labios. Siento, literalmente que esto no se trata de nosotros sino de ellos, pero comienza por aquí ¿saes cómo? Bajándonos el ego.
No pensé, sinceramente, pasarla tan bomba en este encuentro. Y conocí esta gente tan talentosa y entregada, llenos de fuerza; y estos otros cómplices que me hacen confirmar que en el pedir está el dar, porque al final sí queremos ese mundo donde dan todos los otros mundos.
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