2do festival de videodanza “MATERIA VIVA”
Makina DT es una compañía de danza contemporánea en Mérida –-creo
que debería agregarle otro adjetivo, pero no termino de decidir cuál –. La danza
no solo es contemporánea, es innovadora, meditada y fantaseada, son, entonces una compañía que performatiza la
danza para entrar en la posibilidad de ser guiados por la imaginación. Tenía
que decirlo. Es esta nueva forma de hacer arte para resistir y revelarse con
motivo de búsquedas que proponen caminos y parámetros nuevos –-me siento mejor
ahora que dejo claro como entiendo lo contemporáneo más allá de la danza.
No puedo hablar de la primera edición porque no fui enterada
de su existencia hasta esta segunda, y al respecto, que los cortos dancísticos
hayan visitado distintos pueblos y puertos hasta arribar en la ciudad capital
de Yucatán, con la sorpresa de tener cortos que solo se presentarán una vez en
determinado-otro lugar de proyección, fue solo una provocación más para
sumergirnos en las propuestas del festival: comunidad, entre la naturaleza y la
dislocación del pensamiento desde lo cotidiano, lo cerca y lejos, el tiempo y dejarnos caer en el deseo de asistir.
Por esta cualidad del 2do Festival “MATERIA VIVA” llegué a
Celestún siguiendo el corto de danza “La vía” de Los enviados de Sotuta, una de
las tres videodanzas de la península; además de las otras 7 propuestas del país.
“La vía” Es apenas un fragmento de un cortometraje más
largo, que propone documentar e intervenir las estaciones de la antigua vía
ferroviaria que cruzaba la península de Yucatán, y que en un primer momento se
contempló para albergar el tren maya. Debe ser un viaje el trabajo completo por
lo que dejó visualizar el fragmento. Con
un movimiento evocador del venado y el recurso cinematográfico con el que se
intervino el shortfilm nos compartieron la vía como una división resultante de
dos puntos que se conectan… alegoría de la actual violencia política y cultural
que sufre el monte, la piedra caliza, los cenotes, la vegetación y la fauna de
la región. No esperaba encontrar tan clara la denuncia a la otredad que cuando
se degenera se olvida del origen y el respeto a eso que también es parte del
progreso: la naturaleza.
Siguió a este “Resiliencia” de Jazmín Ibarra y “Chanekeh” de
Diana Vivanco, ambas videodanzas se vieron realizadas en cuerpos masculinos. La
intimidad aquí fue con el entorno, la desnudez que viste cuidadosamente, en el
caso del primero; Jazmín Ibarra cuando habló por redes sociales de este
shortfilm mencionó que desde la ternura también se resiste y es claro en lo
cuidado de la creación de un vestuario, del que al final se desprende el bailarín,
entre que su huir es continuar por el camino, prolongando así el medio natural
de la pradera. En el segundo cortometraje el interprete a comparación estaba
totalmente vestido con ropa de ciudad, aunque holgada; su rostro cubierto por
corteza de árbol, de tal suerte la máscara con la que se camuflaba dentro del
bosque, donde la danza era quietud y movimiento, y sostén y confianza ciega en
que la cuerda que algunas veces es raíz de árbol no ceda. En ambas videodanzas
encontré algo que se tiene de contado como individuo, pero que en conjunto
parece que aún no despierta de manera organizada: el cuidado de la naturaleza
(como ser persona, como ser social, como reconocimiento de que la playa, el bosque,
la pradera, merecen protección y que asumamos responsabilidad con el entorno,
como si fueran familia, círculo íntimo, consejo vecinal).
“Kinetics of bodies, branches, and circuits” de Petra
Yessica González. Esta videodanza me pareció muy tétrica. Con ayuda de la
Inteligencia Artificial, terminamos siendo testigos de la naturaleza de lo
tecnológico y como es que al final somos nosotros espectadores, somos nosotras
personas habitando el mundo, quienes generan la experiencia de estar vivos.
Entiendo que por fines artísticos la estética de lo extraño dentro de la
fantasía que logramos imaginar como caótica, no es más que una consecuencia del
uso premeditado de las herramientas al alcance. Es por eso que siento esta
pieza más cerca a “la vía” que a “Matlazihua”, pese a que esta última es
conocida por un mito oaxaqueño como una “mujer que enreda” y en otra interpretación
“mujer que viene de la muerte”. Y es que
quiero pensar que sentir miedo espabila.
“Matlazihua” de Marco Josué Gomez y “La rebelión de los ríos”
de Asalvajarse. Dicen los creadores del segundo —pueden buscar el instagram en
la cuenta de MakinaDT– que la filmación fue muy orgánica, por esto de “no tener
guion” lo comento porque justo estos dos cortos me parecieron los más narrativos,
si me baso en que las propuestas previas me parecieron o más dancísticas o más
performáticas, tanto en el uso de las herramientas como en la forma de
acercarse a lo coreográfico. Y sin embargo
me encantaron, porque comenzaba a necesitar un poco de sentido estructural para
no perder de vista la razón de lo comunitario y la intimidad con la naturaleza.
En la primera videodanza la estructura del lenguaje es la
que nos introduce en la conciencia de lo que vamos a presenciar. La mujer “Matlazihua”
con un huipil-vestido blanco, va de un árbol centenario a los campos de
sembrado de maiz (sin acento porque lo digo indígena) en danza coreográfica que
va de los movimientos fluidos a la búsqueda de un movimiento armónico desde
posturas complejas, si meditamos un poco en el punto de estas posturas, tanto
como nos han sido presentadas por los medios como su naturaleza dentro de las
practicas corporales iniciáticas, quizá podríamos entendernos como parte de lo
salvaje. Y ver que el huipil-vestido hace la Matlazihua.
“La rebelión de los ríos” tuvo en el aspecto estructural del
lenguaje hablado un poco más de presencia, puedo decir que su poética verbal
daba forma a lo que estábamos viendo en la videodanza. Un río empapando a un
grupo de mujeres, a diferencia de “Un territorio diáfano” donde encontramos
otra forma del cuerpo de agua, dentro del cenote una sola presencia que desde
el silencio nos invita a acercarnos poco a poco a una inevitable caída, una
preexistente humedad, una labor de tomar de la naturaleza lo que nos ofrece
pero desde el cuidado, uno que se ve al principio pero que desaparece al final,
porque en mi entendimiento acabar en la superficie al paso con el que se
termina sólo reveló la compulsión del que no le basta con lo necesario. Y
rescato de “la rebelión de los ríos” la desembocadura en la danza y la música
acuática generada desde ese grupo de mujeres que desean hacer con el cuerpo de
agua, generar desde el vínculo directo y para mí eso se traduce en cuidado, en
respeto, en gozo, en reconocer que el río existe y tiene derechos.
Ya por último “Ichil xíiw (entre hierbas)” de Yaremi Chan.
Con este se completó el viaje lingüístico dentro de la videodanza —traía subtítulos
del poema en lengua maya que acompañó a las ejecutoras de la coreografía –. Para
empezar, eran dos bailarinas, tal vez, me hubiera encantado que fueran más
atrevidas con el vestuario, tipo “Resiliencia”, pero lo que no tuvo el segundo shortfilm,
fue parte de este último. La coreografía, entre esa intimidad de dos cuerpos
que se manipulan y se acarician (como aprendí de Madeline, la coreógrafa de MAYDAY)
dentro de su ecosistema; ser indígena, es trabajar de esa forma para cuidar
sobre la explotación ambiental, ser mestiza es apoyar la resistencia de los pueblos
originarios y, retroceder diría LeGuin “Para especular a salvo sobre un futuro
habitable, talvez haríamos bien en buscar una grieta en la roca y retroceder”.
Esta videodanza que me pareció de una lentitud a vuelta de rueda —que ahora me
cae el veinte –va retrocediendo, fue de todas mi favorita, algo muy difícil, ya
que “La vía” con ese toque extraño me sugiera una neutralidad caótica, esa
respuesta del monte-tierra que todavía no ha sido derrotada y por esto parece
convulsa.
Mañana martes se presenta el FESTIVAL MATERIA VIVA en la
UNAY, no se pueden perder esta propuesta de incursión dancística dentro la
imagen cinematográfica. Para volver a preguntarnos desde dónde y cómo seguir
caminando.



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